La inteligencia artificial también necesita gobierno corporativo

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Por: Alberto Porras, socio director de Baker Tilly Costa Rica.

 

Durante algún tiempo, las conversaciones empresariales sobre inteligencia artificial (IA) parecían pertenecer exclusivamente a los equipos de tecnología. Eso está cambiando en la actualidad.

 

A medida que la IA participa en más procesos, maneja información, automatiza decisiones e interactúa con clientes, deja de ser únicamente una herramienta tecnológica. Se convierte en un tema de gestión empresarial, riesgo y gobierno corporativo.

 

Y esto plantea una pregunta que las organizaciones tendrán que responder cada vez con mayor claridad. ¿Quién es responsable de la inteligencia artificial dentro de la empresa?

 

La respuesta no puede ser simplemente “el departamento de tecnología”.

 

La gobernanza de inteligencia artificial consiste precisamente en establecer políticas, estructuras, procesos y controles que permitan dirigir y supervisar su utilización dentro del nivel de riesgo que la organización está dispuesta a asumir. Entre sus componentes fundamentales están la definición de responsabilidades, las políticas de uso, el inventario y clasificación de sistemas según su riesgo, la gestión durante todo su ciclo de vida y el monitoreo permanente.

 

Esto precisamente convierte la IA en un asunto que debería llegar a la alta dirección.

 

No significa que una junta directiva deba aprobar cada herramienta que utilizan los colaboradores. Significa que debe existir claridad sobre quién toma decisiones, cuáles usos representan mayores riesgos y qué mecanismos permiten intervenir cuando una aplicación puede generar consecuencias relevantes para la organización.

 

Una estructura adecuada puede incorporar responsables de negocio, tecnología, riesgo, cumplimiento y asuntos legales, con capacidad no solamente para aprobar iniciativas, sino también para detener aquellas cuyo nivel de riesgo resulte inaceptable.

 

Esta conversación adquiere todavía mayor importancia por el avance regulatorio. Por ejemplo, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial —EU AI Act— contempla sanciones que pueden alcanzar €35 millones o un 7% de la facturación global en determinados incumplimientos y puede tener efectos sobre organizaciones fuera de Europa cuando sus sistemas o resultados se utilizan dentro de ese mercado.

 

Costa Rica tampoco está al margen de esta discusión. El país cuenta con la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2027 y en la Asamblea Legislativa se han discutido iniciativas orientadas a regular esta tecnología, entre ellas los expedientes 23.771, 23.919 y 24.484.

 

Esperar a que exista una obligación regulatoria definitiva para comenzar a ordenar el uso de IA sería, desde mi perspectiva, un error.

 

Desde Baker Tilly Costa Rica trabajamos para concientizar en que la gobernanza no debería entenderse únicamente como una respuesta al cumplimiento. Sino que es una forma de también proteger la inversión.

 

Una organización que establece criterios para seleccionar proyectos, supervisa sus resultados, controla proveedores y mide riesgos tiene mayores posibilidades de identificar qué iniciativas funcionan y cuáles deberían detenerse. Además, crea confianza.

 

Clientes, colaboradores, socios comerciales y, eventualmente, reguladores tendrán cada vez más preguntas sobre cómo se utilizan sus datos, cómo se producen determinadas decisiones o qué controles existen detrás de los sistemas automatizados. Una empresa que pueda responder esas preguntas tendrá una posición distinta frente a una organización que simplemente utiliza herramientas sin poder explicar cómo funcionan dentro de sus procesos.

 

Diversos niveles de control

 

También será necesario aceptar que no todos los sistemas requieren el mismo nivel de control.

 

Precisamente por eso es importante clasificarlos según su riesgo. Una herramienta utilizada para apoyar una tarea administrativa no necesariamente debería recibir el mismo tratamiento que una solución involucrada en decisiones relevantes para clientes o colaboradores.

 

Desde Baker Tilly consideramos que el reto consiste en integrar la implementación de inteligencia artificial y su gobernanza desde el comienzo, mediante diagnóstico, políticas, clasificación de sistemas, controles, auditoría y capacitación.

 

Sin dudarlo, la IA continuará evolucionando mucho más rápido que muchas estructuras empresariales. Por eso, quizás la pregunta más importante para una junta directiva ya no sea únicamente cuánto está invirtiendo la organización en IA. Sino si ¿sabemos realmente cómo la estamos gobernando?

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